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La Coctelera

Categoría: Chile

Chile: chasco en la Isla de Pascua

Posteado por: Date una vuelta el 26 jun En: Chile - 1 comentario

Desde Santiago de Chile teníamos que volar a la Polinesia, recalando en Tahití para luego llegar a la isla de Moorea. La escala era obligatoría: el aeropuerto, o más bien aeródromo de Moorea, no tiene capacidad para aviones grandes, y los vuelos internacionales aterrizan en la vecina isla de Tahití. Por eso no nos extrañó ver en los papeles que nos entregó la agencia que el vuelo desde Santiago hasta Moorea incluía una escala técnica...

No fue hasta llegar al aeropuerto de Santiago cuando nos dimos cuenta de que en realidad la mención de la escala técnica se refería a la Isla de Pascua. Ataque de decepción y de mala uva al saber que íbamos a estar en la mítica isla apenas un ratito, unos 40 minutos, y sin poder salir del aeropuerto :-( Mal rollito. No había opciones: en el caso de que hubiera sido posible sacrificar el vuelo desde Isla de Pascua hasta Tahíti para quedarnos en la Isla, la maniobra sólo hubiera supuesto poner en riesgo los vuelos y los hoteles del resto del viaje.

Nos lo tomamos con humor, nos hicimos unas fotos con el Moai de pega que tienen en la sala de espera y pensamos que tras la decepción de Buenos Aires y el chasco de Isla de Pascua ahora empezaba el viaje realmente diferente: teníamos por delante las playas polinésicas, los viñedos de Nueva Zelanda, dos escalas en Australia, dos más en Thailandia, un vistazo a Bangkok y una ruta por la India...

Por lo menos, el avión de LAN (un boeing 767-p) era comodísimo. Vi un par de películas, leí un rato y tuve tiempo de poner al día la moleskine que ahora voy repasando para actualizar el blog...

Para cuando llegamos a la Isla de Pascua, llevábamos ya un total de 22 horas y media en aviones, contando desde Barcelona, y ocho horas en aeropuertos... Y prácticamente estábamos empezando nuestra Vuelta al mundo...

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Chile: de compras en el Pueblito de los Dominicos

Posteado por: Date una vuelta el 25 jun En: Chile Santiago de Chile - sin comentarios

La última mañana en Santiago de Chile la pasamos paseando entre los puestos de artesanía del "Pueblito de los Dominicos". Como podéis ver en la completita página web, el tal pueblito es una interesante muestra de trabajos en piel, madera, joyería, cerámica (especialmente atractivas las piezas de barro negro).

Es aquí donde nos hacemos con el primer souvenir propiamente dicho del viaje: una botella de cerámica con forma de frasco cuadrado, de color azul y con reproducciones de los petroglifos prehistóricos que se encontraron en Cerro la Silla, la Serena (Desierto de Atacama). Una obra de la artesana María Paz Rodríguez y Sergio Teillery, en el local 144 :-). El hecho de tener una reproducción de un pedacito del desierto de Chile es casi como una muestra de nuestro compromiso de volver a este país con más tiempo en otra ocasión.

Vimos también allí una buena colección de bonsais y la peculiar obra de la artista local Soledad Espinosa. Ha pintado una serie de 14 obras que forman la exposición "Madonas del bosque", basándose en temas religiosos tradicionales pero sustituyendo a los protagonista por personajes populares de su entorno. Llama la atención el tratamiento de los marcos, a los que se ha pegado elementos que refuerzan la idea de cada cuadro.

Tras los dominicos, Rosa nos dejó en el hotel, donde ya nos esperaba el guía que nos dejaría en el aeropuerto. Amablemente, se quiso desquitar de que optáramos por prescindir de su guía de introducción el primer día en favor de Rosa y nos dio un buen montón de explicaciones históricas de todo lo que se le ponía a tiro en el camino al aeropuerto.

Desde allí, rumbo a la polinesia francesa, al buen tiempo y a paisajes realmente diferentes :-)

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Chile: de fonda por Santiago de Chile

Posteado por: Date una vuelta el 24 jun En: Chile Santiago de Chile - sin comentarios

Una fonda consiste en lo que en España llamaríamos quizás una feria, en el sentido andaluz de la palabra. O más bien, un conjunto de casetas de una feria metidas en un sólo techado...

Hay actuaciones musicales, se baila, hay puestos de venta de dulces, artesanía y pequeñas atracciones de feria. Y por supuesto, se come y se bebe. A veces bastante: durante las Fiestas Patrias no es raro ver en los noticieros locales en TV menciones a altercados y robos, las autoridades llaman a la moderación en el consumo, tanto en la dieta como en el alcohol. Sobre todo en el alcohol. Para que los chilenos no se ofendan si leen esto, les aclararé que el botellón de aquí produce estragos similares, pero todos los fines de semana...

En todo caso, parece que el ambiente depende mucho de la fonda a la que uno vaya. La idea inicial era ir a la Jane Fonda, original nombre. Pero cuando recogemos a uno de los amigos de Rosa, Alberto, sus vecinos nos recomiendan otra diferente e incluso nos ceden algunas entradas (no me canso de dejar aquí muestras de agradecimiento a la amabilidad de los chilenos).

Así que allí nos vamos. Me sorprendió ver que la fiesta acababa tan pronto, apenas a las once de la noche. Luego, el taxista que nos llevó de vuelta nos contó que había fondas de día y fondas de noche, y que habíamos estado en una fonda de día. Tuvimos el tiempo justo de comernos una parrillada (sin "interiores" osea, libre de entrañas varias. Una carne jugosa y deliciosa que me hizo pensar en lo que a veces se pierden mis amigos vegetarianos) y de pedir lo que allí llaman "Borgoña con frutilla" donde el borgoña es en realidad una sangría y las frutillas son fresas. La combinación no está nada mal y el trago entra suave. Entretanto, disfruto y mucho de la conversación con Alberto, un jovencísimo directivo español que lleva apenas un año en Santiago.

Alberto demuestra don de gentes y conversación amena. Comparte la misma tristona sensación que me quedó de Buenos Aires, ciudad que él ha visitado tambén recientemente. Comentábamos que el ambiente en la fonda tampoco estaba muy animado. La música era lenta y melancólica, nadie bailaba, algunos se animaban a corear los tristes estribillos, como entre susurros. La familia que teníamos sentada al lado no cruzó palabra en toda la noche. Y los puestos de artesanía que quedaban en el interior estaban también vacios.

Lo más interesante fue comprobar la diferente percepción que tenían de Chile los diferentes contertulios que nos compañaban esa noche. Me divertía y me intrigaba ver la diferente actitud de los que tenían bajo su responsabilidad laboral a empleados chilenos. Había quíen se sorprendía de su aparente falta de iniciativa, de algunos casos fragantes de deslealtad (faltar al trabajo con cualquier excusa, para luego tropezar con tu jefe en la calle, mientras estás sacando unos pesos tirando las carta a los transeuntes). Había quien aplicaba un marco de referencia europeo para quejarse de ciertas actitudes, y había quien se preocupaba de contrastar las condiciones de vida de sus subalternos para intentar comprender ciertos comportamientos que aquí nos parecerían injustificables en un marco laboral. Así, hay quien comprende que los que viven en calles sin asfaltar lleguen tarde, o directamente no puedan llegar a trabajar si ha llovido mucho por tener sus calles inundadas, o por que se les caía el tejado de la casa. O comprendían que alguna vez una mujer no había podido presentarse en su puesto por haber sufrido maltratos de su pareja la noche anterior. Una vez más, un problema en muchos casos vinculados al alcoholismo...

Unas notas de realidad de primera mano también forman parte de conocer más acerca del país.

Amabilidad y derroche de cortesía, apatía y tristeza, fiestas melancólicas y abusos de alcohol, de todo esto y mucho más habrá no sólo entre las gentes de Chile, sino en tantos otros lugares, incluido el que consideramos nuestro...

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Chile: Colorado y el pisco sagüer en la nieve

Posteado por: Date una vuelta el 19 jun En: Chile El Colorado - 1 comentario

Al día siguiente de la excursión Curacaví-Viña del Mar-Valparaíso tenemos de nuevo un día despejado. Tras dar cuenta del desayuno, Rosa nos recoge para ir a una de las estaciones de esquí de Los Andes: El Colorado.

Apenas saliendo de Santiago de Chile encontramos la carretera que nos llevará a las pistas, carretera que en pocos kilómetros se convierte en una pista estrecha, asfaltada, con unas curvas realmente impresionantes, de las que van girando 180º y ganan varios metros con sólo encarar el giro. En total son 48 curvas cerradas y numeradas, las que en poco más de hora y media nos dejan en la nieve.

Una curiosidad tanto de esta carretera como de algunas calles de Santiago es que son de un solo sentido, y que ese sentido cambia a lo largo del día. Por ejemplo, la carretera que lleva a las pistas de esquí de Colorado es sólo de subida hasta eso de las 16h., y entonces se supone que es sólo de bajada. Digo que se supone por que hay quien ejecuta excepciones que no tienen ninguna gracia. El sistema de un solo sentido variable se comprende al comprobar que en algunos tramos, y muy especialmente en las curvas, no cabrían dos coches en pararelo. Y no todos los embragues aguantarían una marcha atrás hasta encontrar un hueco donde ceder el paso, quizás varias curvas más arriba o más abajo...

Una vez en la estación, conocemos a unas amigas de Rosa, una chilena y una catalana (los catalanes somos una especie de plaga, estamos en todas partes) y tomamos el sol entre pisco y pisco. La altura y los ultravioletas juegan malas pasadas a los desprevenidos: Patri acabó con la sombra de las gafas de sol tan marcada en la cara que la bautizamos como "mapachito" hasta que la llegada a la Polinesia (nuestro siguiente destino tras Chile) le igualó el color. (En la foto, sujetando su empanada y la mía: doblemente empanada circunstancialmente y por una buena causa)

Impresiona ver a grandes aves, supongo condores, sobrevolando a buena altura las pista y los valles. Supongo condores por que si a esa distancia se aprecia una envergadura tan grande no estamos hablando de aves pequeñas...

(Disculpas por la mala calidad de la foto, la óptica que usé no me daba para mucho más, pero espero que por la silueta y las puntas en las alas alguien me pueda confirmar si estamos ante el mítico condor andino)

Para cuando llegamos a El Colorado es septiembre, la primavera se abre paso en Chile y la nieve se funde con rapidez, quedando en las pista tramos o muy duros o muy blandos...

Santiago de Chile, como tantas otras ciudades, tiene un problema de contaminación importante vinculado directamente al tráfico. Desde El Colorado es fácil ver como a medida que avanza el día, una neblina cada vez más espesa cubre el valle en el que está la ciudad. La progresión es espectacular: entra la primera y la segunda foto apenas pasaron dos horas y cinco minutos. A este tamaño no sé si aprecias que en la primera aún se ven los edificios, o más bien un barrio tras la primera loma. En la segunda imagen ya no...

(no es niebla lo que cubre Santiago, es contaminación)

Adoptamos como medida de tiempo vacacional la unidad "pisco sagüer más empanada de pino", de largo pero apetecible nombre, y unas cuantas unidades más tarde, volvemos al centro para descansar un rato antes de salir a visitar una fonda por la noche...

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Chile: Valparaíso y "que llegen sin novedad"

Posteado por: Date una vuelta el 19 jun En: Chile Valparaíso - sin comentarios

De vuelta a Valparaíso desde Viña del Mar, un taxi nos sube a uno de los miradores de esta escarpada ciudad. Impresiona la altura que alcanzamos en pocas curvas y lo agresivo de los giros. En algunas calles, el peatón llega a ver el techo completo del coche que desciende antes de llegar a su nivel, como si el vehículo estuviera circulando en un plano cercano a la perpendicular de quien observa.

Desde arriba las vistas del atardecer son impresionantes, y tras un café en un un acogedor bar, damos un breve paseo y bajamos andando, pues la distancia en bajada nos parece lo suficientemente cómoda como para prescindir de los ascensores. También se trataba de alargar un poco más la vista desde arriba...

Una vez en el coche, vemos que salir de Valparaíso hacia Santiago es bastante lioso: hay que circular por urbanizaciones entre rampas y pendientes y calles poco iluminadas. Aunque Rosa estaba en camino correcto, quiso confirmarlo preguntándole a un señor. Muy amablemente, nos indicó el camino y añadió en su despedida una frase que, en esas circunstancias, me pareció el colmo de la cortesía y que me pareció un pequeño talismán para el resto de nuestra vuelta al mundo: "que lleguen sin novedad", dijo con una sonrisa amplia y honesta y un tono casi cariñoso. Iluminó la calle casi con sus buenos deseos. Ese tono, la musicalidad con la que se despidió, su tranquilidad... Me llenó de buen karma ese hombre con un gesto tan sencillo...

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Chile: Viña del Mar y los locos

Posteado por: Date una vuelta el 19 jun En: Chile Viña del Mar - sin comentarios

Unos vasos de chicha y un par de empanadas en Curacaví nos permitieron llegar a Valparaíso con el apetito lo suficientemente a punto como para atravesar la ciudad e ir directamente a los restaurantes a pie de playa de Viña del Mar.

Si Santiago de Chile nos pareció una ciudad desierta en plenas Fiesta Patrías, las playas de Viña del Mar estaban a rebosar de gente paseando y tomando el sol, lanzando al aire volatines (cometas, muy populares allí). Pero claro, nadie en el agua: ni la temperatura ni las olas del (poco) Pacífico invitaban al baño.

Probamos una mariscada pero para nuestra sorpresa, el marisco estaba apenas hervido y todo nos pareció bastante soso. Rosa no sugirió los "locos", una especie de lapa de un tamaño bastante impresionante. Soy de los que gustan de probar nuevas comidas en sus viajes, y pese a que la pinta no me pareció la más sugerente, los probé aunque fuera para constatar que la textura rugosa y el escaso sabor que la imagen del loco anticipaban. Si llego a saber que la especie Concholepas Concholepas está en tan precario estado, me hubiera ahorrado el doble mal trago... A mi no me gustarón, pero menos mal que con un Pisco sagüer a mano todo pasa...

En la foto, cara a cara con un loco y sin muchas ganas de hincarle el diente...

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Chile: Curacaví, chicha y empanada de pino

Posteado por: Date una vuelta el 19 jun En: Chile Curacaví - sin comentarios

Amaneció despejado, azul y brillante, un día perfecto para ir hasta el mar.

Desde Santiago de Chile, Rosa puso rumbó a Valparaíso, haciendo primero una parada en el pueblo de Curacaví. Allí probamos la chicha y las empanada de pino.

Curacaví es un pequeño pueblo, dispuesto a lo largo de una carretera y enclavado en las faldas de una montaña. Apenas una plaza con un parque donde está la iglesia y llamativos carteles electorales. Rosa lo elige por haber visto en televisión que son especialistas en la producción de chicha, y además nos pilla de camino entre Santiago y Valparaíso.

La chicha viene a ser un mosto de vino a medio fermentar. Tiene el sabor dulzón del mosto, y aunque no logramos averiguar su graduación alcohólica, seguro que algo sube. Nos encantó, y comprobamos que los chilenos se abastecían con botellas de litro traídas desde casa, como antiguamente en España se hacía con el vino a granel y como en algunas bodegas sirven hoy aún algunas bebidas. En mi etapa madrileña tenía una de esas bodegas justo delante de casa, donde compré el anís para intentar mi propio pacharán, con más pena que gloria.

El señor que atendía el establecimiento Chicha Duran -100 años de tradición- de Curacaví (una caseta de madera con un precario techado que alberga algunas mesas y grandes tinajas semi enterradas) nos cuenta amablemente que la chicha aguanta unos días si se mantiene fresca y si no le da la luz. Rosa propone el frigorífico, pero el señor sugiere que es mucho mejor enterrar la botella (señalando las tinajas casi vacias) alegando que enfriar demasiado la chicha no es buena idea. No me imagino a Rosa enterrando botellas de chicha en las jardineras de su precioso y chic apartamento en Santiago, pero reconozco que tal escena sería digna de un youtubazo.

La empanada de pino es en realidad una jugosa empanada que contiene un sofrito de carne (presumo vacuno) y cebolla. Está deliciosa y la de Curacaví no será la única en caer...

Las vimos en todas partes y son muy populares: como podéis comprobar en la Wikipedia, la empanada de pino es todo un símbolo nacional.

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Chile: Santiago de Chile (II)

Posteado por: Date una vuelta el 5 may En: Chile Santiago de Chile - sin comentarios

Después de la comida, subimos al Parque Metropolitano de Santiago, un antiguo volcán que se eleva justo frente al apartamento de Rosa, y al Cerro de San Cristobal, que nos ofrece buenas vistas del atardecer a ambos lados de la ciudad. La visibilidad de la tarde nos alcanza para ver gran parte del centro de la ciudad, pero no para ver bien los picos nevados de los Andes, apenas intuidos por encima de la neblina de contaminación, pero los descubriremos al día siguiente, mucho más soleado.

La presencia de banderas en los edificios se explica por las Fiestas Patrias: lucir la enseña chilena es obligatorio.

El día acabó pronto, pero al salir el sol de nuevo, aprovechando el buen tiempo, pondríamos rumbo a Cuaracaví, Valparaiso y Viña del Mar...

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