Aquí tenéis una crónica sobre el eclipse total en Rapa Nui y una reflexión sobre la astronomía en Chile.
En breve explicaré más cosas sobr emi viaje a Chile en www.cronicasviajeras.es
Aquí tenéis una crónica sobre el eclipse total en Rapa Nui y una reflexión sobre la astronomía en Chile.
En breve explicaré más cosas sobr emi viaje a Chile en www.cronicasviajeras.es
Tras un tiempo sin escribir demasiado en este blog, aparece por casualidad un muy buen motivo para retomar el relato de la Vuelta al Mundo y ampliarlo: esta misma noche salgo para Chile, y tras visitar Santiago de Chile y los viñedos del Valle del Maipo y Isla Negra, podré vivir en Isla de Pascua el eclipse total de sol del día 11. Luego, Valparaíso y el Valle del Leyda... ¿Suena bien, verdad?
Para mi es una oportunidad genial para resarcirme del mal trago de haber estado en isla de Pascua sin poder verla, como ya te conté aquí. Y todo ello gracias a LAN, que ha tenido el detalle de incluirme en un viaje de prensa. Gracias ![]()
Para poder explicaros en detalle el viaje con más flexibilidad, he creado un nuevo blog de viajes, Crónicas Viajeras, que actualizaré estos días con la visita a Chile e Isla de Pascua, y donde luego podrás seguir el relato de la vuelta al mundo. De momento, además de los artículos que tenías en Date una Vuelta con mejores fotos, tienes también anécdotas y recomendaciones a raíz de nuestra estancia en Auckland (Nueva Zelanda)
¿Quieres saber más? Pues sígueme en Twitter o en Facebook. ¡Te espero!
(la foto de los Moais es de VisitingChile, pero pronto podré hacer mis propias fotos, las verás en Crónicas Viajeras
Algunas palabras en Reo Mao Hi, la lengua de los habitantes de las islas:
Estando en las islas del tatuaje, donde vemos ejemplos muy bonitos constantemente, siento la tentación de hacerme uno. Algo que alguna vez había ya considerado en Madrid. No es lo mismo, creo, tatuarse en Fuencarral que en la polinesia, si se tiene la oportunidad. Las condiciones higiénicas están fuera de duda aquí, pero hubo varios factores que me cohibieron (la cura posterior estando de viaje, no poder disfrutar de las playas después). El primero, y más evidente es encontrar el motivo, el dibujo. Pensaba en algo relacionado con la suerte que nos había llevado a hacer un viaje así. Leí en una de las revistas de los aviones que nos llevaban a las islas que había dos hermanos que hacen tatuajes recuperando motivos y símbolos tradicionales y como se hacían antes: el tatuado explicaba quién era y qué había vivido hasta entonces y el tatuador se inspiraba en su relato. El tatuado no veía el dibujo en su piel hasta que el trabajo estaba terminado. Una opción valiente, sí, pero que seguramente hubiera acabado con un @, un "http://" o un "www" en mi brazo :-)
(la foto es de National Geographic)
Y una última: hay una montaña en Moorea que, dice, se asemeja al rostro de una joven mahorí de larga cabellera mirando hacia el cielo...
Tras ver en acción las mandíbulas de los tiburones puntas negras, Bruno puso rumbo a un segundo "feeding point" con un fondo de arena blanca sobre el que las aguas toman un tono turquesa paradisíaco, esta vez a una profundidad de poco más de un metro. En pocos segundos aparecen siguiendo la estela del bote una docena de pastinacas (Sting Ray). La mayor puede que llegará al metro de diámetro.
Antes de bajar al agua, instrucciones de seguridad: podemos tocar las rayas (vamos a llamarles así, pero no las confundamos con las manta raya, que ya me hubiera gustado poder ver a estos grandes animales), pero el contanto ha de ser siempre en su parte superior, nunca por debajo (por que ahí está la boca del bicho) ni agarrando la cola (donde tienen un aguijón que podría darnos un buen susto).
Las rayas se muestran confiadas, curiosas, y se dejan hacer. Su tanto es suave, como de goma forrada con terciopelo, siendo más rugosa la piel cercana a los bordes de sus alas. A Patricia le pareció que era como tocar setas shitake recién sacadas del frasco de conserva.
Nos quedamos un buen rato jugando con las rayas. Bruno me pasó un trozo de pescado y, manteniéndolo en el puño, las pastinacas te siguen. Se te suben casi, alguna hasta te daba empujoncitos. El olor a comida...
Las pastinacas no tienen dientes, pero si una gran capacidad de succión, que les permite por ejemplo comer moluscos. Las había visto en una memorable inmersión nocturna en La Restinga (Hierro, Islas Canarias) pero no llegué a poder tocarlas allí.
Tras el baño con las rayas, nos llevan a un "motu", un pequeño islote, donde pasamos el resto de la tarde. Se nos sirve una humilde pero más que suficiente barbacoa en una playa poco profunda, donde también aparecen pastinacas.
A ojo desnudo, entre las rocas de coral dispersas en la playa, peces de las mismas familias descritas en la playa del hotel que te hacen sentir como en una pecera tropical.
En el viaje de vuelta, el barco avanza con viento en contra, lo que provoca que nos mojemos bastante. Al principio es divertido, pero luego echamos mano de las toallas. Cuando llegamos al hotel, tenemos tiempo de tomar una ducha antes de que nos recojan para ir al aeropuerto. El ratito de espera nos da para enviar postales (claro que sí, en los tiempos del sms y del e-mail, recibir postales con sello hace ilusión).
Enseguida llegamos a Papeete, y antes de acostarnos pronto (nos recogían a las 3:30 de la madrugada: conducía una chica brasileña que se mosqueó considerablemente por el retraso de otros turistas, y nos llevó finalmente dejándolos en tierra), volvemos a cenar en el japonés del hotel, donde el maestro del teppanyaki nos hace pasar un buen y muy nutritivo rato...
Poco después, pondríamos rumbo a Nueva Zelanda
La última excursión en Moorea fue realmente espectacular. No sólo por los paisajes y la oportunidad de estar todo el día disfrutando del mar, sino por la cercana visión de las rayas y los tiburones...
Nos recogen en nuestro hotal para llevarnos en furgoneta a uno de los embarcaderos de la Bahía Cook, donde embarcamos en el barco de excursiones de Hiro, que viene a ser un cruce entre un catamarán sin vela y las golondrinas del puerto de Barcelona.
Pese a que su nombre es japonés, Hiro parece un francés de ojos claros con sentido del humor británico y la soltura hablando en público y mezclando idiomas propia de quien lleva repitiendo las mismas gracias mucho tiempo. Consigue, eso sí, despertar algunas risas, yo me lo pasé bien. Me recordó mucho al actor Stephen Fry.
Hiro nos enseña algunas palabras en la lengua de Tahiti. Por ejemplo, "Ia Ora" viene a ser "Buenos días", "Ia Ora Na" podría entenderse como Bienvenidos, aunque el sentido literal se asemeja más a "entra en mi casa" (qué mejor expresión de bienvenida, ¿no?). Nos explica también que antes de la llegada de los europeos, los isleños solían alimentar a peces todos los días en el mismo sitio, de manera que pescarlos luego se convertía en algo fácil. Así pues, la primera parada sel barco al salir de la Bahía Cook se nos vende como el "feeding spot" de la familia de Bruno, el orondo patrón. Digo "se nos vende" porque una empresa competidora hace exactamente el mismo recorrido. Quién sabe, quizás el otro patrón es familiar de Bruno...
Rumbo a la primera parada, un velero anclado en la Bahía...
Llegados al "feeding point", en la laguna de coral y con una profundidad de apenas un par de metros, Bruno da instrucciones claras: bajaremos al agua, nos cogeremos al cabo que mantiene anclado el bote y nos dejaremos mantener a flote con el cuerpo siempre a la izquierda del cabo: a la derecha, apenas a unos tres metros, empiezan a aparecer tiburones de arrecife de puntas negras, devorando la carnaza que les va dosificando Bruno. Con máscaras de buceo vemos el espectáculo en primer plano...
En la superficie del agua, las gaviotas se disputan los pedazos que afloran a superficie.
Cabe decir que los tiburones, aunque nadan muy cerca de nosotros, no muestran el menor interés por nuestras jugosas piernas y sabrosos brazos, pese a que más de uno de apresura a volver al barco en cuanto empiezan las dentelladas...
Estuvimos un buen rato en el agua, y cuando se acabó la carnaza, nos dirigimos a un segundo "feeding point" esta vez para tocar a grandes pastinacas, similares a las rayas (sting ray) y de la misma familia que los tiburones...
Este blog empezó como una transcripción de las notas que tomé durante el viaje que Patri y yo hicimos en septiembre-octubre de 2008. Un viaje en el que dimos la vuelta al mundo...
Afortunadamente, hay mucho que contar aún, y muchas fotos que subir. Afortunadamente también, seguimos viajando. Acabamos de volver de nuestras vacaciones de este año: hemos visitado Ghana, Mali y Burkina Faso.
Afortunadamente también, mucho que contar y mucho que mostrar...
La mala noticia es que me falta tiempo para hacer todo lo que quiero hacer (y claro, la prioridad es hacer cosas, no bloguear sobre las cosas que hago). Como ya me comentó Elena, es una lástima que ese desfase temporal entre el viaje y el relato le reste valor. Pero me sigo negando a acarrear un ordenador estando de vacaciones :-)
Si me tenéis un poco de paciencia, en cuanto ponga al día el viaje de 2008, seguiré bloguando con nuestras vivencias en África este año... ( y espero que eso sea antes de las vacaciones de verano del año siguiente :-)
Sigamos pues con la Vuelta al Mundo, estábamos en Polinesia...
Durante la excursión con el 4X4 y tras ver tras las plantaciones, nos llevan a un pequeño valle en el interior donde quedan restos de antiguos templos polinesios, llamados marae. Lo que queda de ellos son formaciones rectangulares en medio del bosque, piedras agrupadas de tienen alturas variables, de unos pocos centímetros a medio metro. Los mejor conservados tienen piedras redondas formando las partes exteriores. El conjunto aparece verdoso, cubierto de musgo. Puedo leer en un cartel informativo que los marae definian la posición social, política y económica de las sociedades polinesias antes de la llegada de los europeos.
El guía me cuenta que en los Marae, que sólo podían hacerse con piedras traídas del templo de otra isla, se albergaban los "Tiki", ídolos en piedra o en madera. De los cerca de 500 que tenía la isla sólo se conservan restos de los 300 que estaban en las montañas. Los de las playas fueron utilizados por los colonizadores europeos como blanco de tiro. Así éramos, a veces ser europeo no es un motivo de orgullo. Resulta paradójico que ahora los complejos hotereleros se empeñen en plantar tikis decorativos en cualquier rincón. Si los antiguos europeos no se hubieran cargado los originales...
Tiki de pega en el hotel:
En las inmediaciones de los templos, el guía nos enseña dos curiosidades de la flora. Un árbol cuyo enorme tronco retumba ante cualquier golpe, y que se solía usar como un medio de comunicación enla isla, al modo del tam-tam:
Y el ábol de las nueces de macadamia:
Antes de volver al hotel, hacemos la parada más friki de la excursión en la Bahía de Cook. Digo friki por que se suponía que teníamos que detenernos en un mercado, no en la tienda de ultramarinos de una señora china. Como el que tienes seguramente en la esquina, vamos. El resto de los excursionistas (un grupo de franceses) alucinaron tanto como nosotros, claro, y cuando ya nos íbamos de allí con mala cara, apareció un pescador al otro lado de la carretera. En un minuto tenía montado en el arcen un aparador donde colgó varios ejemplares de Mahi-Mahi, un pez apreciado allí, que habíamos probado en el hotel, marinado con limón y leche de coco.
Iaorana! (osea, hola!)
Lo mejor de la excursión en coche por la isla fue subir a uno de los miradores en las montañas, desde donde se pueden contemplar unas vistas espectaculares. La subida es escarpadísima, no apta para quien tenga miedo a bordo de un coche. El 4x4 cabe justito en la pista que asciende a buen ritmo y tiene que tiene marcadas con cemento las trazas para las ruedas. El resto es barro. Un barro que, después de las lluvias que suelen caer a mediodía, tiene una pinta de ser tremendamente deslizante...
En cada curva de 180 grados el coche asciende un par de metros como mínimo. Las vistas valen la pena, y aunque el riesgo es mínimo dada la pericia y la experiencia del chofer, los "valientes" que no se abrocharon el cinturón de seguridad al empezar la ruta los buscaban como locos en cuanto empezamos a ascender.
Además de estos miradores, en esta excursión vimos algunas cosas más. Algunas tan descaradamente comerciales como la supuesta fábrica de licores. Prácticamente hacen licor de cualquier fruta tropical que puedas encontrar en la isla, algunos con una fortuna loable y otros con un resultado dudoso. Una solícita rubita sirve chupitos de degustación y ahí acaba la fábrica a no ser que quieras comprar alguna botella...
La visita a la fábrica de mermaledas es más o menos lo mismo, pero al menos ahí me pego al guía y sigo sus explicaciones sobre la planta de vainilla. De la misma familia que las orquídeas, la planta parasita el tronco de otras especies y lo usa para encaramarse. Cada planta produce unas quince flores, pero sólo polinizan artificialmente ciinco, para que estas cinco alcancen el tamaño adecuado. La varilla de vainilla se produce en el interior de una vaina que une la flor con el resto de la planta. Entre la polinización y la recogida han de pasar nueve meses (ya es casualidad). Los cultivadores dejan carcasas de coco a los pies de la planta para que con sus fibras retengan el agua de lluvia.
(las varillas de vainilla salen de los pedúnculos que unen la flor a la planta)
(La planta entera tampoco tiene un aspecto tan apetitoso. El de la gorra es el guía, majísimo):
Breve pero interesante fue la visita a las plantaciones de piña (familia de las bromelias, como nos contaron en Brasil el año anterior). Para cultivarla, se cortan las hojas del fruto de la piña y se planta el cogollo resultante en la fertil tierra volcánica. En un año, ese brote tiene la altura de poco más de medio metro y empieza a dar su cosecha de piñas.
Al lado de los campos de piñas había también plataciones de papaya. Esta es una planta que se me antoja de una muy primitiva estructura: un tallo vertical en cuyo extremo se agolpan las papayas y, coronando el conjunto, un abanico de tallos con una sola hoja en cada uno. Me la imagino en el jurásico, con los helechos. Leo en la wikipedia que es la primera planta con fruto de la que se ha descifrado el genoma, ya os decía yo que muy compleja no es que sea...
También vemos enormes árboles de aguacates, algunos de pomelos y la planta de la fruta de la pasión, que tiene una flor muy original: parece un destello de fuegos artificiales.
Nana! (es decir, hasta luego!)